sábado, 16 de mayo de 2009

Tim Berne & Michael Formanek


La colaboración discográfica entre Tim Berne y Michael Formanek se remonta a las grabaciones del bajista para Enja y SoulNote a principios de los 90 y se ha prolongado hasta las ocho entregas del Bloodcount; en total una docena de discos en los que comparten algo más que los créditos. De hecho, aunque Berne siempre se ha rodeado de bajistas participativos y con personalidad (Ed Schuller, Mark Helias, Mark Dresser o Drew Gress), el nivel de comunicación entre ambos es difícilmente superable y justifica la esperada edición de este dúo. El formato no es desconocido para Berne ("Theoretically" con Bill Frisell en 1984, "Inference" con Marilyn Crispell en 1992 y en un tema con Tim Smith en "We Speak Etruscan" en 1994), cuyos recientes proyectos en Screwgun se orientan hacia un progresivo acercamiento a formaciones reducidas -desde 1997 sólo ha grabado bajo su nombre con cuarteto (Bloodcount) y tríos (Paraphrase, Big Satan). Por su parte, Formanek, aunque firmemente radicado en primera línea de vanguardia, protagoniza una carrera musical llena de contrastes, junto a westcoasters históricos (Chet Baker, Stan Getz o Gerry Mulligan) y figuras como Dave Liebman, Gunter Schuller, Joe Henderson, Uri Caine, Dave Douglas y un largo etcétera. Recientemente ha editado su primer disco a solo ("Am I bothering you?"). Estamos ante dos músicos que ejemplarizan la comunión entre composición e improvisación, fundiendo ambos campos con la facilidad y maestría que dan el dominio del lenguaje y el sonido. El disco se abre con dos temas en los que se reconoce inmediatamente la marca de la casa y las influencias que ambos atesoran: unísonos decididos, largas líneas líricas entrecruzadas, inquietos y recortados desarrollos. En varios momentos Formanek aprovecha las capacidades expresivas de su particular técnica con el arco, en la que el barítono se acopla perfectamente, y también acomete discursos de riesgo. A nivel solista, ambos están magníficos, con momentos de alta tensión. Berne disfruta de largos espacios en los que muestra al desnudo su bien reconocible estilo. Como reza la información promocional, "parece un disco de Screwgun, suena como un disco de Screwgun, pero no es un disco de Screwgun. ¿Qué diablos es?". Una pequeña joya editada por un pequeño sello de la costa oeste, en la que dos grandes músicos hablan en alto, pero sin gritar. Un paréntesis en las ediciones del saxofonista, aunque que no se libra de la inefable receta

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