sábado, 16 de mayo de 2009

Chano Dominguez


El pianista gaditano ha tenido el valor de enfrentarse a ese reto tan exigente de tocar en solitario, ese terreno donde las virtudes pero sobre todo las carencias quedan más de relieve, sin el adorno ni el diálogo con ningún otro instrumento, aunque eso sí, con el cálido estímulo de un público plenamente identificado con su colosal empeño. Y no sólo ha salido airoso de esta experiencia, sino que aunque sea repasando algunos de los temas de sus anteriores trabajos, ha seguido ahondando en esa asombrosa síntesis entre sus querencias flamencas y sus pasiones jazzísticas, alcanzando tal naturalidad al exponer sus hallazgos que parece que éstos no lo fueran tanto porque ya estuvieran presentes desde siempre. La magia del rasgueo de la guitarra flamenca por bulerías trasladada al piano de forma prodigiosa ("Refrito/Retaila"), el hondo homenaje a Camarón ("Mr.C.I."), la recreación de las canciones populares más arraigadas ("La Tarara", "El Toro y la Luna") y de la copla ("Ojos Verdes")... Pero también la permanente veneración por el maestro de la sensibilidad ante un piano, Bill Evans, con su preciosa versión del tema de Steve Swallow "Hullo bolinas", o esas magníficas lecturas de piezas inmortales asociadas al legado ellingtoniano, la estimulante "Caravan" del trombonista Juan Tizol y la delicada "Lush Life" de Billy Strayhorn, que Chano hace suyas con inusual destreza. Quizás sean el tema por colombianas "Alma de Mujer", y "Naranja y Canela", una simple y obsesiva melodía de indescriptible belleza, los mejores ejemplos de la fascinante capacidad evocadora de la música de Chano. Una música que se nutre de las más profundas raíces culturales de un pueblo para, traspasando géneros y lenguajes, hacerse universal.

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